La minería chilena atraviesa una profunda transformación. En un contexto marcado por una crisis hídrica prolongada y crecientes exigencias regulatorias, el sector está incorporando tecnologías emergentes que redefinen la gestión del agua. Esta evolución, conocida como gestión hídrica 4.0, no representa únicamente una solución técnica, sino una nueva narrativa operativa y ambiental que busca compatibilizar productividad con sostenibilidad.
Desde 2010, regiones como Coquimbo y Atacama han enfrentado déficits pluviométricos superiores al 30%, posicionando a Chile entre los países con mayor riesgo hídrico a nivel global. “Las proyecciones para 2040 son aún más críticas, y la industria minera ha debido diversificar sus fuentes, recurriendo a la desalación y al reúso. En este escenario, la tecnología debe asumir un rol estratégico para mejorar la disponibilidad de agua, tanto para la minería como para otros sectores productivos”, señala Pablo T. Silva Jordán, especialista en recursos hídricos de Formation Environmental.
La gestión hídrica 4.0 se fundamenta en la digitalización de procesos y en el uso de herramientas inteligentes que permiten monitorear, anticipar y optimizar el uso del recurso. Sensores conectados a redes IoT miden en tiempo real variables como caudal, presión y calidad del agua en tranques, tuberías y plantas. Drones equipados con sensores ópticos realizan inspecciones aéreas que detectan fugas y anomalías sin interrumpir la operación. Sistemas GIS integran datos geoespaciales para mapear el comportamiento hídrico en el territorio, mientras que modelos predictivos basados en inteligencia artificial anticipan escenarios climáticos y operacionales, facilitando la toma de decisiones.
Estas tecnologías no solo mejoran la eficiencia operativa, sino que también permiten una gestión más transparente y trazable, fortaleciendo el cumplimiento ambiental y la relación con las comunidades. “Por ejemplo, Minera Centinela, ubicada en la comuna de Sierra Gorda, Región de Antofagasta, utiliza agua de mar sin desalar en sus procesos productivos y planea duplicar su uso con su proyecto Nueva Centinela. Esto le permite reducir su huella de carbono, ahorrar energía y conservar los recursos hídricos continentales. En la misma región, Sierra Gorda SCM la utiliza 100% en sus operaciones, obteniéndola del agua de descarte del proceso de enfriamiento de turbinas de una planta termoeléctrica. Codelco, por su parte, ha implementado soluciones de automatización que optimizan el consumo hídrico en sus procesos. El objetivo es lograr una minería más resiliente, capaz de adaptarse a escenarios de escasez sin afectar la productividad”, agrega Silva Jordán.
No obstante, persisten desafíos relevantes. La inversión inicial, la formación de capital humano especializado y la necesidad de un marco regulatorio integral limitan la expansión de estas soluciones. Además, existe un reto crucial en el manejo del volumen de datos generados: su validación científica es a menudo insuficiente, y para lograr una modelación robusta se requiere contar con series representativas, continuas y de larga extensión, lo cual no siempre está disponible en todo el territorio.
Silva Jordán enfatiza que “la gestión hídrica debe articularse con la conservación de suelos, la restauración de hábitats y la preservación de ecosistemas críticos, para que la sostenibilidad sea realmente sistémica”. Superar estas brechas será clave para que la minería chilena no solo sea más eficiente, sino también un referente global en innovación y sostenibilidad hídrica.

Carlos Rubilar
Asuntos públicos y sostenibilidad
