El Futuro No se Delega: Por Qué Todos Debemos Hablar (y Actuar) Sobre la Crisis Climática

En estos días se están tomando decisiones claves para el presente y el futuro de la humanidad.

No solo en Chile, con las próximas elecciones presidenciales, sino también a nivel global con la antesala de la COP 30, donde se negocian los pasos que determinarán nuestra capacidad de adaptación y supervivencia en un planeta en crisis.

Pero, ¿cómo nos impacta todo esto en lo cotidiano? ¿Es algo de lo que deberíamos conversar con nuestras familias, amistades y comunidades? Basta mirar nuestra vida diaria: la megasequía ya afecta el acceso al agua, encarece alimentos y cambia la forma en que habitamos. No es un fenómeno lejano; está moldeando nuestras decisiones cotidianas.

A veces sorprende lo distante que muchas personas se sienten de estas discusiones, como si las decisiones sobre la salud climática ocurrieran en un planeta paralelo, o no tuvieran consecuencias directas sobre nuestra vida, nuestra economía y nuestra seguridad.

Justamente por eso, en momentos tan decisivos, no podemos permanecer impávidos frente a cómo gobernantes, autoridades y dirigentes mundiales acuerdan —o no— avanzar en detener el deterioro acelerado de los sistemas planetarios que sustentan la vida .

Mientras ellos discuten sobre financiamiento climático o la eliminación progresiva de los combustibles fósiles, cada uno de nosotros debe sostener esa misma conversación en su propio entorno y escala.

La narrativa dominante nos ha dicho que la tecnología resolverá la crisis. Pero sabemos que no basta. El nivel de urgencia exige cambios estructurales, culturales y personales que ninguna innovación puede reemplazar por sí sola.

Tampoco podemos olvidar que no todos los países enfrentan los impactos de la misma manera. Chile, según la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), cumple 7 de los 9 criterios que definen a una nación como particularmente vulnerable. Es decir, estamos entre los primeros en recibir los impactos y entre los últimos en poder evitarlos si no actuamos ahora.

En este contexto, la educación adquiere un rol decisivo:

Desde la Red Campus Sustentable hemos impulsado la formación en sustentabilidad en las instituciones de educación superior, entendiendo que no habrá transformación posible sin ciudadanos capaces de comprender la crisis, dialogar sobre ella y actuar con responsabilidad. Educar para la sustentabilidad no es un complemento: es una condición indispensable para construir sociedades preparadas y comprometidas con un futuro distinto.

Por eso, el llamado no es a descansar en la acción de otros, sino a asumir un rol activo en la solución: desde los gestos individuales hasta la colaboración en red, como promovemos desde la Red Campus Sustentable.

Porque la base de cualquier futuro posible es la colaboración, la empatía y la conexión como especie y como parte de este planeta. La crisis climática no admite espectadores: cada acción suma y cada silencio resta.

Patricia Opazo Barraza

Directora Ejecutiva

Red Campus Sustentable

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