Economía Circular: Transformando el Modelo Productivo en América Latina 

Durante más de un siglo, la economía global ha funcionado bajo un modelo lineal: extraer, producir, consumir y desechar. Esta lógica, nacida en la era industrial, nos trajo avances notables, pero también una factura ambiental y social imposible de seguir pagando. Hoy, en pleno siglo XXI, la economía circular no es una alternativa romántica ni una moda pasajera; es el nuevo sistema operativo del desarrollo sostenible, el que redefine la forma en que creamos valor, gestionamos recursos y entendemos la prosperidad.

Del mito del crecimiento infinito a la inteligencia del ciclo

El modelo lineal parte de una ilusión peligrosa: la de recursos infinitos. Pero la realidad es que cada tonelada de material extraído implica degradación ambiental, emisiones y pérdida de biodiversidad. La economía circular, en cambio, se basa en un principio biológico simple: todo residuo es alimento para otro proceso. La naturaleza no genera basura; recicla, reúsa y regenera constantemente.

Trasladar esa lógica al sistema económico es la esencia del cambio. No se trata solo de reciclar más o de fabricar productos “verdes”; se trata de repensar todo el ciclo de vida de los bienes y servicios, desde el diseño hasta su reabsorción en nuevas cadenas productivas.

En lugar de producir para desechar, la economía circular propone diseñar para durar, producir para reusar y consumir para regenerar. Es un giro mental profundo: pasamos de la eficiencia extractiva a la eficiencia regenerativa.

Tres motores del cambio circular

Para que la economía circular no quede en discurso, debe apoyarse en tres motores estructurales:

  1. Innovación tecnológica: la digitalización, la inteligencia artificial, la trazabilidad y la biofabricación están revolucionando la forma en que gestionamos materiales y flujos. Hoy es posible rastrear el ciclo completo de un producto, conocer su huella de carbono en tiempo real y diseñar procesos industriales con residuos cero.
  2. Política pública y regulación inteligente: los gobiernos tienen un rol clave. Las normativas de responsabilidad extendida del productor, los impuestos verdes y los incentivos a la reparación o reutilización son mecanismos que crean condiciones para que las empresas adopten modelos circulares sin desventajas competitivas. En Chile, por ejemplo, se ha implementado la ley de plásticos de un solo uso, se está dando fuertemente la estrategia hacia el 2040. 
  3. Cambio cultural y consumo consciente: el ciudadano es el eslabón final del ciclo. Su decisión de comprar o no, reparar o reemplazar, compartir o poseer, determina el éxito del sistema. La educación ambiental, la transparencia en las etiquetas y la narrativa empresarial son esenciales para generar una nueva cultura del valor.

De la economía del descarte a la economía del conocimiento

El modelo circular redefine qué entendemos por riqueza. En lugar de basarse en la acumulación de bienes materiales, propone un capital inteligente: conocimiento, innovación y colaboración. Las empresas que dominan esta lógica no compiten por volumen, sino por inteligencia de diseño y capacidad de regenerar valor.

Esto se traduce en nuevos modelos de negocio:

  • Productos como servicio: en lugar de vender un bien, se ofrece su funcionalidad. Por ejemplo, compañías que arriendan iluminación en lugar de vender ampolletas, asumiendo la responsabilidad de su mantenimiento y reciclaje.
  • Reutilización y “refabricación”: las piezas se diseñan para ser desmontadas, reparadas y devueltas al ciclo productivo.
  • Circularidad industrial: el residuo de una empresa se convierte en materia prima para otra. Ya hay parques industriales donde los desechos orgánicos de una planta alimenticia alimentan la producción energética de otra.
  • Economía colaborativa: compartir bienes y servicios reduce la necesidad de producir más. Plataformas digitales de movilidad, alojamiento y herramientas compartidas son ejemplos de esta “re evolución”.

Cada una de estas estrategias tiene un denominador común: crean valor reduciendo impacto. Es decir, transforman la sostenibilidad en ventaja competitiva.

América Latina y Chile: el desafío de cerrar el círculo

Para América Latina, y en específico para Chile, la economía circular representa una oportunidad histórica. La región posee una enorme riqueza natural y una base industrial flexible, pero también enfrenta problemas estructurales: informalidad, contaminación y baja productividad de recursos.

Adoptar un modelo circular permitiría a las economías latinoamericanas desacoplar el crecimiento del consumo de materiales, generar “empleos verdes” y atraer inversiones.

En Chile, específicamente:

Sin embargo, también enfrenta retos: la tasa de reciclaje en torno al 21 % es todavía baja, la generación de residuos sigue siendo alta (19,6 MTN/año) y muchas cadenas productivas no han sido rediseñadas. (https://forbes.cl/red-forbes/2025-06-05/economia-circular-el-futuro-cero-residuos-de-chile)

Las compañías que integren la circularidad en su estrategia central serán las que lideren el futuro en Chile y la región.

Las empresas como motores de cambio

Una empresa circular no se define por su rubro, sino por su mentalidad. Significa rediseñar el modelo de negocio para reducir el desperdicio y maximizar el valor en cada etapa. Esto implica:

  • Evaluar la huella de sus productos.
  • Diseñar flujos de recursos internos y externos.
  • Establecer alianzas con proveedores, clientes y comunidades para cerrar ciclos.
  • Implementar métricas de circularidad (por ejemplo, porcentaje de materiales recuperados o intensidad de uso de recursos).

La economía circular es también un nuevo relato corporativo. Ya no basta con decir “somos sostenibles”; las organizaciones deben demostrar impacto positivo medible.

La transparencia y la trazabilidad son ahora parte del ADN reputacional. En un mercado donde los consumidores detectan el “greenwashing” con un clic, la autenticidad se convierte en el activo más valioso.

Circularidad y digitalización: la alianza del siglo!!

La transformación circular no puede avanzar sin el soporte digital. La inteligencia artificial y los sistemas de datos permiten crear ecosistemas de información circular, donde cada producto, pieza y material tiene identidad propia y trazabilidad completa.

Gracias a la digitalización:

  • Los residuos pueden ser mapeados y redirigidos a industrias que los necesitan.
  • Se optimizan las rutas logísticas para reducir emisiones.
  • Se generan modelos predictivos que anticipan fallas, alargando la vida útil de equipos.

En Chile/Latam, donde la infraestructura digital crece y los datos se democratizan, las empresas y gobiernos que aprovechen esta ventana tendrán ventaja.

En este nuevo contexto, los datos son el nuevo recurso natural: la materia prima que permite diseñar, medir y regenerar sistemas productivos.

La dimensión humana del círculo

La economía circular no solo busca eficiencia material; también persigue justicia social y bienestar colectivo. Al fomentar la reparación, la reutilización y la innovación local, crea empleo en sectores intensivos en conocimiento y en mano de obra calificada.

Además, promueve una reconexión ética con los recursos. Entendemos que cada objeto tiene historia, energía y valor más allá de su precio de mercado. Esa conciencia redefine nuestra relación con el consumo y con el planeta.

El progreso ya no se mide solo en PIB, sino en resiliencia, equidad y regeneración.

Del discurso a la acción: cómo acelerar la transición

Para pasar del concepto a la práctica, las organizaciones en Chile y Latam pueden apoyarse en cinco pilares de acción:

  1. Diseñar circularmente: incorporar criterios de durabilidad, modularidad y reciclabilidad desde el inicio del producto.
  2. Repensar la cadena de valor: integrar proveedores y clientes en una red colaborativa de materiales.
  3. Medir y reportar: establecer indicadores claros de circularidad y publicarlos con transparencia (como Chile ya lo está haciendo). 
  4. Educar y comunicar: sensibilizar a colaboradores, consumidores y comunidades sobre los beneficios de la circularidad.
  5. Innovar constantemente: la economía circular no es un destino, sino un proceso evolutivo.

Cada paso cuenta. Las transformaciones sistémicas se construyen con decisiones diarias, políticas coherentes y liderazgo valiente.

Los líderes empresariales y gubernamentales deben entender que la circularidad no es un costo, sino una inversión en resiliencia. En un mundo de volatilidad climática, escasez de recursos y presión social, las organizaciones lineales son frágiles; las circulares, en cambio, son antifrágiles: aprenden, se adaptan y prosperan.

El liderazgo circular requiere visión de largo plazo y coraje para innovar más allá del corto plazo financiero. Requiere también una narrativa inspiradora: la de una economía que no destruye para crecer, sino que crece regenerando.

El horizonte 2030-2040 y la urgencia del cambio

Para Chile y Latam, los próximos cinco a diez años serán decisivos. Se deben aprovechar los marcos estratégicos existentes (como la Hoja de Ruta al 2040), los avances en regulación y las oportunidades tecnológicas.

Si se implementa correctamente, la transición hacia la economía circular permitirá reducir emisiones, aumentar la productividad material, crear empleo y fortalecer la competitividad regional.

Pero alcanzar eso requiere coordinación: gobiernos que regulen inteligentemente, empresas que innoven con propósito y consumidores que participen activamente.

En otras palabras, necesitamos un nuevo contrato social del valor, donde el éxito se mida por el impacto positivo compartido.

Conclusión: Cerrar el círculo para abrir el futuro latinoamericano

La economía circular no es un destino, sino un camino hacia una civilización más inteligente. Es la demostración de que nuestra humanidad puede generar crecimientos económicos y sociales respetando los límites del planeta.

Para Chile y América Latina, el reloj avanza. Tenemos la tecnología, el conocimiento y la evidencia. Lo que falta es la voluntad de rediseñar el sistema.

En última instancia, el círculo representa algo más que un modelo económico: es un símbolo de equilibrio, continuidad y esperanza. Si logramos cerrar el círculo productivo, abriremos un futuro donde la prosperidad y la sostenibilidad no sean opuestos, sino sinónimos.

Porque en la nueva economía, nada se pierde, todo se transforma, incluso nuestra manera de pensar!

Felipe Barros Pérez
Gerente General, Ecológica.
Director, Asociación Nacional de la Industria del Reciclaje A.G

Deja un comentario