¿Y si fuese la colaboración y no la competencia el verdadero motor del desarrollo?
Es la pregunta que plantea Rutger Bregman, en su excelente libro “Dignos de Ser Humanos” y al ir adentrándose en su lectura, a través de múltiples ejemplos que va enumerando en toda la historia de la humanidad, este supuesto se va confirmando. Verdaderamente ha sido la colaboración y el cuidado, los factores recurrentes que han permitido construir las más nobles páginas de la historia de la evolución humana en este planeta que nos cobija, nuestra “casa común”, como la denominó el Papa Francisco. Si hoy lo podemos percibir como una realidad que está a nuestra mano es gracias también, a que comenzamos a comprender la “economía” como lo que realmente es, la búsqueda del bienestar de los habitantes de una casa, de un lugar, de esta casa común y las llamadas “nuevas economías” rescatan esta definición etimológica que nos vuelve a situar en la acción de aporte al bien común que representan estas distintas expresiones que se construyen en base a valores, ética y búsqueda de sentido.
El comercio justo (Fair Trade) es una expresión de estas llamadas nuevas economías y surgió como respuesta a las inequidades y desigualdades del comercio convencional global. Sus principios, desde los orígenes del actuar de este movimiento, han sido los de promover condiciones de trabajo dignas a través de: precios adecuados y justos para retribuir el esfuerzo de las y los productores, particularmente los más vulnerables; transparencia en el actuar; respeto y resguardo de la seguridad laboral; equidad de género e inclusión; la erradicación de todo tipo de explotación y esclavitud en el trabajo, particularmente en el resguardo y cuidado del desarrollo pleno de las niñas, niños y adolescentes, favoreciendo así el trabajo decente; y el cuidado y valoración del medio ambiente y la biodiversidad. El comercio justo coloca a las personas y a las comunidades en el centro de las decisiones económicas, fortaleciendo de esta manera, la capacidad de agencia y resiliencia, mejorando las posibilidades de las comunidades más desfavorecidas para lograr el bienestar económico necesario para su desarrollo más pleno. El Fair Trade no se trata solo de una certificación o un sello, sino de una manera de ver la economía basada en justicia y colaboración, lo que resulta ser toda una revolución en los negocios.
Pero hoy y cada vez con más fuerza, la sociedad necesita y exige ir más allá que el concepto de equilibrio que busca el desarrollo sostenible (al cual contribuye el comercio justo) pues se requiere dar un paso más y lograr alcanzar un desarrollo regenerativo en el más amplio sentido del concepto. En particular, la economía regenerativa propone avanzar en la creación de empresas, cooperativas y asociaciones del más diverso tipo, que trabajen proyectos e iniciativas que busquen restaurar y recuperar suelos, ecosistemas, biodiversidad, reconociendo y revitalizando la sabiduría de las narrativas d las diferentes culturas de los pueblos originarios y sanando y cuidando el debilitado tejido social pues sin este es imposible avanzar. En este sentido el comercio justo aparece como una forma alineada absolutamente con este anhelo de regeneración, por ejemplo, al valorar las prácticas agrícolas tradicionales al promover la recuperación de la biodiversidad y privilegiar los productos locales o los hechos a mano. muchos emprendimientos y empresas de Comercio justo operan en la práctica desde una forma o lógica regenerativa y ya comienzan a tomar conciencia de su aporte ne este sentido y por tanto el valor del concepto.
Tanto la visión regenerativa como el esquema de Comercio justo entienden que lo económico no puede jamás separarse de los aspectos sociales y los medioambientales y la coherencia de este sentido se traduce en formas de hacer negocio colaborativas, circulares y enraizadas profundamente en valores humanos. Ambos esquemas se nutren de indicadores de valor que son mucho más amplios y que reconocen múltiples aspectos, no solo financieros, sino también, sociales, culturales y espirituales. Por lo tanto, el éxito deja de medirse solo en las utilidades monetarias y empieza a expresarse en cuánto al mayor bienestar colectivo que se crea, en la capacidad de restaurar ecosistemas y el fortalecimiento de entramado comunitario.
El nexo entre el comercio justo y la economía regenerativa representa una verdadera revolución en los negocios, pues no se trata solo de producir y vender con ética, sino de replantear el propósito mismo de las organizaciones, empresas, cooperativas y distintos emprendimientos. Quienes han adherido al esquema de Comercio justo no solo ofrecen productos sino que construyen comunidad y son capaces de restaurar la vida de los suelos, los ecosistemas y recuperar el sentido del trabajo como un espacio que nos hace plenos.
Nos enfrentamos a un mundo que está profundamente afectado por la crisis climática, las exclusiones de diversos tipos y el agotamiento, por tanto la propuesta es muy clara cambiar las reglas del juego de la competencia a la colaboración y al cuidado, adoptar el comercio justo como una de las bases para una economía regenerativa que no es solo posible, sino que también urgente. La verdadera innovación es cuidar con conciencia y verdadero compromiso y esto es hoy el acto más radical que podemos ejercer desde los negocios.
Bienvenidos a la revolución de los negocios.

Gerardo Wijnant
Ingeniero Civil Industrial. U. de Chile, Promotor Ecosistema Banca Ética, Consultor Comercio Justo y Economía del Bien Común, Encargado de Sustentabilidad ONG El Otro Capital y ex Gerente General de Comparte SA. (una de las primeras empresas y organización de Comercio Justo en Chile).
