Precipitaciones y permisología versus sostenibilidad minera

A dos meses del inicio del otoño, el panorama de las precipitaciones a lo largo del país es bastante heterogéneo. De acuerdo con los datos de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) hay superávits en las Regiones de Arica y Parinacota (110% en Chacalluta), de Valparaíso (7,2% en Faro Punta Ángeles y 11,3% en Rodelillo) y Aysén (33,9% en Balmaceda), pero en otras zonas hay un déficit como en Coquimbo (-93,9% en La Serena), Antofagasta (-55,6% en Cerro Moreno), Ñuble (-27% en Chillán) y Biobío (-15% en Concepción). 

No sabemos si se mantendrá el saldo a favor en las zonas con superávit o si se acentuarán o reducirán los déficits que hay actualmente. La inestabilidad es la tónica, sobre todo si consideramos que el inicio del otoño estuvo alejado de lo acostumbrado décadas atrás. Abril terminó con solo 1 mm y más calor. La entidad explicó que lo anterior, sería uno de los efectos del cambio climático que ya se ven en varias latitudes: temperaturas estivales llegan antes del solsticio de verano y se prolongan más allá del equinoccio de otoño. 

¿El vaso medio lleno?

Para enfrentar el cambio climático, según se planteó en la reciente Expomin2025, la demanda de minerales críticos se presenta como una oportunidad para Chile. Las inversiones mineras así lo demuestran, bordeando los USD 85 mil millones. Además, Cochilcoseñala que para el 2032 las iniciativas alcanzarían los USD 65 mil millones. Sin embargo, este optimismo podría quedar en standby si el protagonismo lo sigue teniendo la permisología y las exigencias medioambientales.

La virtud se encuentra en el justo medio y buscar el equilibrio entre el desarrollo productivo y la preservación del medio ambiente es el gran desafío. ¿Cómo balancear un proyecto de inversión en un medio ambiente frágil y contar a su vez con seguridad hídrica para su desarrollo? Tenemos como país una gran oportunidad de transformar este paradigma en nuestro sello característico.

La minería ha tomado acciones concretas, por ejemplo, para abordar los problemas de abastecimiento hídrico a través de la desalación. Disminuir la presión o incluso liberar recursos hídricos continentales reemplazados por la fuente marítima supone una oportunidad única de restaurar territorios intervenidos, compensando de forma correctiva el impacto ambiental generado por décadas y en algunas zonas, siglos de explotación. ¿Estará preparada la institucionalidad para abordar esta oportunidad o seguiremos viendo el vaso medio vacío, esperando proyectos que cumplan un interminable check-list de permisos sin enfrentar la sostenibilidad real de largo plazo?

Pablo T. Silva Jordán

Consultor en Recursos Hídricos, con más de 10 años de experiencia en la gestión, ingeniería y evaluación de proyectos hídricos.

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