En un mundo atravesado por crisis climática, pérdida de biodiversidad y desigualdad creciente, las empresas enfrentan un dilema profundo:
¿Seguir siendo parte del problema o convertirse en protagonistas de la solución?
Hoy ya no basta con “reducir impactos” o “ser menos dañinos”. El llamado es otro: regenerar. Sanar territorios, revitalizar comunidades y contribuir activamente al florecimiento de la vida.
Este artículo es una invitación a repensar el rol empresarial desde una mirada transformadora: cómo transitar hacia modelos sostenibles, integrarse en cadenas de valor conscientes y aportar al territorio que nos sostiene.
Porque regenerar no es solo posible: es urgente, estratégico y profundamente inspirador. De la sostenibilidad a la regeneración: un nuevo paradigma.
Durante años, la sostenibilidad empresarial se enfocó en mitigar impactos negativos. Las iniciativas más comunes incluían eficiencia energética, reciclaje, reducción de emisiones, y cumplimiento de normativas ambientales. Este enfoque fue un paso importante, pero ya no es suficiente.
La regeneración representa un salto cualitativo. No se trata solo de reducir el daño, sino de crear condiciones para que los sistemas vivos —naturales, humanos y sociales— se fortalezcan, se restauren y prosperen.
Una empresa regenerativa se pregunta:
- ¿Cómo podemos contribuir al bienestar del ecosistema que habitamos?
- ¿De qué manera nuestro negocio puede empoderar a las comunidades locales
- ¿Podemos ser fuente de vida, inspiración y resiliencia en tiempos de incertidumbre
Este cambio de paradigma requiere revisar el propósito, rediseñar los modelos de negocio y repensar las formas de relacionarse con el entorno.Ya no basta con preguntarse “¿cómo reduzco mi huella?”, sino que se vuelve clave preguntarse: “¿Cómo dejo una huella positiva, restauradora y duradera?”
Cadenas de valor que cuidan y conectan
Ninguna empresa existe en aislamiento. Todas forman parte de una red viva de relaciones: proveedores, distribuidores, colaboradores, clientes, instituciones públicas, organizaciones de base, comunidades y ecosistemas. Y en ese entramado, cada decisión cuenta. Cada eslabón puede ser fuente de deterioro o de regeneración.
Una cadena de valor regenerativa se construye sobre principios de equidad, circularidad y respeto. Aporta beneficios no solo a la empresa, sino a todo el sistema del cual forma parte.
Entre sus características clave están: Minimiza residuos y apuesta por procesos circulares. Respeta los derechos humanos y laborales en toda la cadena. Asegura trazabilidad, justicia ambiental y soberanía territorial. Devuelve al entorno más de lo que toma.
Pero también produce efectos intangibles valiosos, como vitalidad, salud sistémica, sentido de pertenencia, belleza, confianza y colaboración entre los actores involucrados.
Una cadena de valor verdaderamente regenerativa no se limita a optimizar procesos: cultiva relaciones vivas, fortalece redes de apoyo y conecta el hacer empresarial con el propósito ecosocial.
Regenerar el territorio donde habitamos
Toda empresa está anclada en un lugar. Un territorio que no es solo una ubicación geográfica o un mercado de consumidores, sino un ecosistema vivo: compuesto por suelos, aguas, culturas, historias y comunidades.
Este territorio, muchas veces invisible para las lógicas corporativas tradicionales, se convierte en protagonista en el enfoque regenerativo.Aquí el territorio no es “recurso”, sino sujeto vivo con el que convivimos y co-evolucionamos.
Regenerar un territorio desde la empresa implica: Escuchar activamente a las comunidades locales y sus liderazgos. Reconocer y honrar saberes ancestrales y culturas vivas. Proteger ecosistemas, restaurar suelos, cuidar cuencas y biodiversidad. Generar empleos dignos, diversos, inclusivos y arraigados.
Empresas que se enraízan en el territorio con humildad, que trabajan desde el respeto y la reciprocidad, no solo aseguran su licencia social para operar: construyen relaciones de largo plazo, resilientes y profundamente significativas.
Un caso ejemplar de esto es el de empresas agrícolas regenerativas que han decidido devolver la fertilidad a los suelos degradados, desarrollar cadenas de abastecimiento con pequeños productores locales, y revitalizar prácticas agrícolas tradicionales con valor ecológico y cultural.
Liderazgos al servicio de la vida
Ninguna transformación profunda es posible sin un liderazgo acorde.Y la regeneración necesita líderes conscientes, valientes y colaborativos.
El liderazgo regenerativo no se define solo por su visión, sino por su capacidad de inspirar acción colectiva, sostener procesos vivos y facilitar espacios seguros para que emerjan nuevas formas de hacer y de ser en la organización.
Un líder o lideresa regenerativa: Redefine el éxito más allá de la rentabilidad, incluyendo bienestar ecosocial. Promueve culturas organizacionales basadas en la confianza, la diversidad, la escucha activa y el aprendizaje constante. Impulsa decisiones éticas, compartidas y de largo alcance. Teje alianzas con actores diversos y complementarios. Potencia la creatividad, el talento y la adaptabilidad de sus equipos para hacer frente a escenarios volátiles, complejos y ambiguos, este tipo de liderazgo se vuelve indispensable.
Además, estos liderazgos reconocen que la regeneración es un camino colectivo. No hay héroes individuales: hay comunidades de práctica que aprenden, experimentan, corrigen y celebran juntas.
El cambio ya está ocurriendo… y es ahora
Por todo el mundo emergen empresas que están marcando el camino. Son diversas en tamaño, sector y cultura, pero comparten una visión común: ser parte de la solución, no del problema.
Algunos ejemplos inspiradores:
Agricultores que regeneran suelos erosionados y dinamizan economías locales mediante prácticas agroecológica. Cooperativas ciudadanas que democratizan la energía renovable y descentralizan su gestión. Diseñadoras que rescatan oficios textiles tradicionales, promueven el slow fashion y reducen el desperdicio. Startups tecnológicas que convierten residuos industriales en materias primas circulares.
Estas iniciativas demuestran que regenerar no es una utopía lejana, sino una práctica posible, concreta y en expansión.
Regenerar también es rentable
Un mito común es que la regeneración es idealista, costosa o poco competitiva. Pero los datos muestran lo contrario.
Las empresas que adoptan modelos regenerativos experimentan beneficios claros: Acceso a mercados más exigentes y conscientes. Atracción de inversión de impacto y fondos
verdes. Mayor fidelización de clientes comprometidos. Ventaja competitiva por diferenciación auténtica. Mayor resiliencia frente a crisis climáticas o económicas. Atracción y retención de talento joven con propósito.
La regeneración no es un costo adicional, es una estrategia de futuro. Una forma inteligente de cuidar el presente mientras cultivamos bienestar a largo plazo.
Una invitación a comenzar
No hay que esperar a ser expertos, tener todos los recursos o contar con grandes equipos para comenzar. Toda empresa, sin importar su tamaño o sector, puede iniciar su camino regenerativo hoy.
Algunas acciones iniciales podrían ser: Evaluar su impacto real sobre las personas, los ecosistemas y el territorio. Reconectar con su propósito profundo: ¿para qué y para quién existimos? Enraizarse en su comunidad, su bioregión, sus relaciones vivas. Tejer redes con otras empresas, organizaciones, actores públicos y movimientos ciudadanos. El camino no será lineal ni exento de desafíos. Pero es profundamente transformador. Y vale cada paso.
Empresas que hacen florecer la vida
Hoy, lo más disruptivo que puede hacer una empresa no es lanzar un nuevo producto, sino redefinir para qué existe. El futuro no pertenece a las empresas más grandes, ni a las más tecnológicas. Pertenece a las más sabias, más coherentes, más vivas. A aquellas que entienden que la verdadera prosperidad es compartida. Las que saben que si la vida no prospera a su alrededor, su éxito es frágil e ilusorio.
Regenerar no es solo una decisión estratégica. Es un acto de amor, una visión ética y una apuesta por la vida.
Es un compromiso con las generaciones futuras, con las comunidades que nos rodean y con el planeta que nos sostiene.
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Si estás listo para iniciar el camino regenerativo en tu organización,
Porque el mejor momento para empezar… es ahora.
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Verónica Prado de la Maza.
Vicepresidenta Cámara Verde Chile.
Directora de Vinculación al Medio y Alianzas.
