Ya No Basta Con “Ser Sostenible”: Hay Que Demostrarlo, Gestionarlo y Reportarlo

A partir del ejercicio 2026, más de 200 empresas supervisadas por la CMF estarán obligadas a reportar conforme a las nuevas normas NIIF S1 y S2. ¿Estamos preparados?

¿Es obligatoria la sostenibilidad? Legalmente, para algunas empresas sí. Pero estratégicamente, lo es para todas. El contexto regulatorio avanza: la Unión Europea ya exige doble materialidad, la SEC en EE.UU. ha emitido reglas climáticas, y en Chile se avanza en normativas como la NCG 461 y 519 de la CMF, Ley de Cambio Climático, la Ley Karin y la Ley de Protección de Datos. Todo indica que el ESG dejará de ser una ventaja para convertirse en un estándar.

Pero más allá de la obligación, está la oportunidad: gestionar sostenibilidad es ampliar la mirada de riesgos y oportunidades. Integrar estos factores permite anticipar crisis reputacionales, identificar eficiencias, atraer inversión y fidelizar talento. No es romanticismo ambiental. Es estrategia empresarial.

Llevo casi dos décadas acompañando a empresas en su evolución en sostenibilidad. He visto cómo el concepto ha mutado desde una RSE filantrópica hacia una gestión ESG más sofisticada y estratégica. Pero hoy estamos en un punto de inflexión: ya no basta con “ser sostenible” —hay que demostrarlo, gestionarlo y reportarlo con evidencia concreta.

A partir del ejercicio 2026, más de 200 empresas supervisadas por la CMF estarán obligadas a reportar conforme a las nuevas normas NIIF S1 y S2, según la reciente actualización de la NCG N°519. Esto marcará un cambio estructural: los riesgos y oportunidades ESG deberán incorporarse como parte integral del análisis financiero y estratégico, bajo estándares internacionales de alta exigencia. Sin embargo, la brecha actual es preocupante.

Un estudio de Forvis Mazars revela que solo el 2% de las empresas reporta el impacto financiero del cambio climático. Aún más: muchas compañías siguen informando mal —o simplemente no informan— aspectos críticos como brecha salarial, diversidad o estrategias de adaptación climática.

Ya iniciamos en Gestión Social los procesos de memorias y reportes 2025, y vemos que las empresas están empezando antes, con más conciencia… pero también con más tensión. ¿Por qué?

Porque levantar la información sigue siendo un proceso complejo. Porque cuesta involucrar a las áreas que deben entregar sus datos y explicar su gestión. Porque entre tantos requerimientos normativos, se pierde muchas veces la identidad de la empresa. Y ese es un riesgo enorme: convertir el reporte en un check list, en lugar de una oportunidad estratégica.

Sí, la tecnología ayuda: plataformas para automatizar el levantamiento, redactores asistidos por IA, dashboards que cruzan datos. Pero el mayor desafío sigue siendo cultural. ¿Cómo logramos que el equipo completo entienda que esto no es solo tarea de las áreas de Sostenibilidad o Comunicaciones? ¿Cómo construimos un relato con datos y propósito, y mirada estratégica?

Un buen reporte no se arma en un par de semanas. Requiere gobernanza de datos, claridad estratégica, y sobre todo, un equipo comprometido con contar una historia verdadera, con datos trazables y foco en lo que importa.

Hoy, vemos avances. Cada vez más directorios y áreas de Finanzas comienzan a acercarse al mundo ESG. Participan de talleres, revisan el reporte, se interesan por las nuevas normativas. Pero eso no basta. El verdadero cambio requiere pasar del interés al involucramiento. Que el Directorio no sólo se informe con periodicidad o lea la memoria cuando ya está casi lista, sino que pregunte, desafíe, tome decisiones considerando los riesgos y oportunidades ESG, y los vincule a la estrategia, al desempeño y a la compensación. Que las áreas de Finanzas no solo pidan cifras, sino que dialoguen con el área de Sostenibilidad para entender la materialidad financiera, la exposición a riesgos climáticos, la necesidad de gobernanza sobre los datos. 

Que las empresas, en definitiva, entiendan que reportar es parte del negocio, no un anexo.

Como consultores, tenemos la responsabilidad de acompañar en esa transición: de lo obligatorio a lo significativo. De los datos aislados a los insights estratégicos. De la exigencia regulatoria al relato con identidad. Pero también de entender que el reporte no es el objetivo, sino una consecuencia de cómo la sostenibilidad se vive en el día a día de la empresa.

Un buen reporte solo es posible si existen procesos internos que integran la sostenibilidad en el día a día, conectar áreas, proyectar metas y entender cómo los riesgos y oportunidades ESG se vinculan con los resultados financieros. Porque si la sostenibilidad no se gestiona estratégicamente, no hay datos ni relato que sostengan un informe con sentido.

El verdadero desafío no está en llenar planillas o cumplir estándares, sino en construir una empresa que tenga algo real que contar. Porque al final del día, un buen reporte solo refleja una buena gestión. Y esa, no se improvisa.

Carolina Andrade
Directora de Inteligencia y Socia de Consultora Gestión Social

Carolina Andrade

Directora de Inteligencia y Socia de Consultora Gestión Social

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