Capacitación Sostenible en Chile 2026: Decisión País

Hablar de sostenibilidad hoy ya no es solo hablar de medioambiente. Es también preguntarnos cómo construimos un desarrollo que, además de generar valor económico, fortalezca la cohesión social y amplíe las oportunidades reales para las personas. En ese contexto, hay un factor clave que hoy está en debate: el desarrollo del capital humano.

La discusión sobre la eventual eliminación de la franquicia tributaria del SENCE ha abierto un espacio necesario de revisión. Sin embargo, corre el riesgo de desviar la atención de lo esencial: más allá del instrumento, lo que está en juego es qué lugar le damos, como país, al aprendizaje y a la formación continua.

Desde mi experiencia en organizaciones de distintos sectores y tamaños, hay una constante clara: aquellas empresas que entienden la capacitación como una inversión, y no como un gasto, no solo mejoran sus resultados. También fortalecen sus culturas, aumentan el compromiso de sus equipos y construyen relaciones laborales más sanas. En otras palabras, son organizaciones más sostenibles.

La sostenibilidad también es empleabilidad

Solemos abordar el desarrollo sostenible desde indicadores macro, pero hay una dimensión igualmente crítica: la capacidad de las personas para adaptarse, aprender y mantenerse vigentes en un entorno laboral en constante transformación.

La automatización, la digitalización y las nuevas formas de trabajo están redefiniendo industrias completas. En este escenario, la empleabilidad dejó de ser estática: hoy se construye o se pierde en función de las oportunidades de aprendizaje disponibles.

Por eso, debilitar los mecanismos que incentivan la capacitación no es una decisión neutra. Tiene efectos concretos en la vida de las personas, especialmente en quienes tienen menos acceso a formación.

La franquicia tributaria, con todas sus oportunidades de mejora, ha sido una herramienta relevante para acercar la capacitación al mundo real del trabajo. Ha facilitado que empresas inviertan en sus equipos y ha abierto oportunidades que, de otro modo, no existirían. ¿Debe evolucionar? Sin duda ¿Puede mejorar? Por supuesto. Pero no hay desarrollo sostenible posible si debilitamos las oportunidades de aprendizaje.

El riesgo de mirar el corto plazo

Es legítimo exigir mayor eficiencia, mejor uso de los recursos públicos y mayor impacto de la formación. De hecho, avanzar hacia modelos más pertinentes como el aprendizaje en el puesto de trabajo o la formación vinculada a trayectorias laborales es parte del desafío.

Sin embargo, eliminar o debilitar el principal incentivo a la capacitación sin una alternativa clara y robusta puede generar el efecto contrario al buscado. Y ese impacto no será inmediato, sino progresivo: menor productividad, menor capacidad de adaptación y mayores brechas. Desde una perspectiva de sostenibilidad, ese es un riesgo país.

Una oportunidad para evolucionar

Este escenario también abre una oportunidad. Si Chile quiere avanzar hacia un desarrollo verdaderamente sostenible, necesita repensar la capacitación más allá de una lógica individual o concentrada en grandes empresas. El desafío es democratizar el acceso a formación de calidad.

Esto implica impulsar nuevas formas de colaboración: esquemas de asociatividad entre pequeñas y medianas empresas, modelos donde grandes organizaciones compartan capacidades con su cadena de valor y programas que fortalezcan e incentiven el desarrollo de proveedores.

No se trata de asistencialismo, sino de construir comunidades formativas donde los distintos actores se reconozcan como parte de un mismo ecosistema productivo. Porque hoy, la competitividad no depende solo de la empresa por sí sola, sino de la solidez de toda su red.

Al mismo tiempo, es clave fortalecer la gobernanza del sistema: avanzar en calidad, en trazabilidad del uso de los recursos y en resultados medibles. La legitimidad de la capacitación también se construye desde ahí.

Pero toda evolución necesita una base. Y hoy esa base existe. Desmantelarla sin un modelo alternativo claro introduce un nivel de incertidumbre que puede afectar directamente la inversión en capacitación y la continuidad de procesos formativos relevantes. El desafío, entonces, no es eliminar, sino fortalecer, regular mejor y elevar los estándares.

Más que instrumentos, personas

Desde mi mirada esta discusión no es técnica. Es profundamente humana. Detrás de cada política hay personas que necesitan aprender, reconvertirse y adaptarse. Personas que encuentran en la capacitación una oportunidad concreta para crecer, personas que, cuando acceden a formación de calidad, no solo mejoran su empleabilidad: amplían sus posibilidades de futuro.

Porque cuando la formación es de calidad, no solo mejora indicadores: transforma realidades y es ahí donde se juega, realmente, el desarrollo sostenible. Porque un país que invierte en su gente no solo crece. Se sostiene.

Marisol Núñez Orellana

Marisol Núñez Orellana
Gerenta General en Sprint Consultores

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