Desalación: Innovación y resiliencia para el futuro hídrico de Chile

Chile enfrenta una realidad ineludible: llevamos 15 años de sequía estructural. Ya no se trata de un episodio pasajero, sino de una nueva configuración climática en la que la falta de lluvias y la caída de las reservas en los embalses ponen en riesgo el abastecimiento doméstico y la seguridad alimentaria. Con niveles de embalses que hoy son preocupantes —un 16,5% menos que en 2024— la incertidumbre se ha instalado en la vida cotidiana de muchas regiones.

La gestión hídrica no puede seguir atrapada en la lógica de la emergencia. Necesitamos una estrategia estructural y resiliente que garantice la seguridad del agua para retomar el crecimiento económico y proteger el bienestar de las personas. La respuesta está frente a nosotros, en más de 4.000 kilómetros de costa: transformar el océano en un aliado estratégico es una opción realista y necesaria.

La innovación mediante la desalación y el reúso de aguas residuales aparece como la vía más viable para adaptar nuestro sistema hídrico al cambio climático. No inventamos la rueda: países como Israel, Arabia Saudita y España han mostrado que, con marcos regulatorios claros y políticas de fomento, el agua de mar puede convertirse en un recurso confiable y competitivo. En España, por ejemplo, una parte significativa de la producción desalada se destina a la agricultura; en Israel, la desalación es pilar del abastecimiento nacional. En Chile debemos aprender de esas experiencias para no perder años en indefiniciones.

En este contexto de búsqueda de soluciones, es valioso que existan espacios de diálogo técnico donde se crucen experiencias y se discutan marcos regulatorios y modelos de financiamiento. Un foro internacional que reúna a especialistas y decisores puede ayudar a acelerar consensos y a traducir la tecnología disponible en políticas públicas efectivas.

Actualmente hay proyectos en marcha que movilizan más de USD 20.000 millones para nuevas fuentes hídricas, impulsando sectores clave como la minería y la agricultura. Además, en marzo de 2026 se realizará un congreso que aportará precisamente ese espacio de intercambio técnico: el encuentro reunirá a expertos nacionales e internacionales para debatir seguridad hídrica e innovación, y será una oportunidad para contrastar experiencias y avanzar en propuestas concretas.

El Congreso ACADES 2026, que se celebrará los días 17, 18 y 19 de marzo, convocará a más de 100 especialistas de más de 10 países. Entre sus participantes estarán líderes reconocidos en gestión del agua, como Ismahane Elouafi y Belén Gutiérrez, quienes aportarán perspectivas sobre sostenibilidad, desalación y reúso. Más allá de la agenda puntual, instancias como esta son útiles para definir una hoja de ruta que vaya desde la regulación hasta el financiamiento de infraestructura no convencional.

Si queremos un Chile donde el agua deje de ser una limitante y vuelva a ser motor de la economía y la vida, debemos acelerar el paso. La tecnología existe y ha mejorado: la ósmosis inversa consume hoy mucha menos energía que hace una década. Lo que falta es voluntad política y una gobernanza que entienda la desalación y el reúso no como parches temporales, sino como pilares de un desarrollo sostenible para las próximas generaciones.

La urgencia exige que dejemos atrás la improvisación y construyamos, con sentido técnico y social, una política hídrica de largo plazo. Solo así podremos asegurar que, del mar a la cordillera, el agua sea un recurso que impulse el bienestar y la prosperidad de todo Chile.

Carlos Rubilar

Carlos Rubilar Camurri

Asesor en Asuntos Hídricos y Sostenibilidad


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