Davos 2026: El fin de la ilusión ESG y la nueva era de la resiliencia radical en América Latina

Infografía de Davos 2026 sobre el paso de la ilusión ESG a la resiliencia radical. Muestra datos clave sobre Blue Davos y el riesgo hídrico (50% del PIB mundial depende del agua), el impacto de la IA como infraestructura física, la muerte del multilateralismo y una cita de Margarita Ducci sobre la importancia del agua para el crecimiento económico.

💡 Las 4 claves de Davos 2026 La 56ª Reunión Anual del Foro Económico Mundial redefinió las reglas de la sostenibilidad corporativa. Para América Latina, el mandato pasa del cumplimiento normativo a la resiliencia radical:

  1. Muerte del multilateralismo: Las corporaciones deben operar en un mundo de bloques geopolíticos y «minilateralismo transaccional».
  2. Blue Davos (Año del Agua): La escasez hídrica se consolida como el mayor riesgo de continuidad operativa; el 50% del PIB global depende del ciclo del agua.
  3. IA como Industria Pesada: La Inteligencia Artificial exige un despliegue masivo de infraestructura e impacta directamente las metas de descarbonización (Net-Zero).
  4. Pragmatismo Climático: Finanzas corporativas y alianzas de mercado duro reemplazan a la filantropía para asegurar cadenas de suministro sostenibles.

Para los líderes, directores de sostenibilidad y tomadores de decisión en Chile y toda América Latina, Davos 2026 ha trazado una línea divisoria irreversible. Atrás quedaron los discursos complacientes sobre «prosperidad compartida» y los reportes de cumplimiento basados en checklists superficiales.

El mundo ha entrado oficialmente en una era de fragmentación y competencia descarnada. En un planeta asediado por tensiones geopolíticas y un estrés climático innegable, esta es la hoja de ruta para comprender cómo la supervivencia corporativa acaba de reescribir la agenda ESG (Ambiental, Social y Gobernanza) en nuestra región.

Del multilateralismo a la supervivencia corporativa

Históricamente, el Foro de Davos fue el templo del «mito de la convergencia», anclado en la premisa de que la globalización garantizaría la paz y el desarrollo sostenible. La cumbre de 2026 sepultó esa ilusión. Bajo el irónico lema «Un Espíritu de Diálogo», el mundo presenció una exhibición de poder crudo: desde amenazas arancelarias coercitivas entre potencias occidentales (la «Crisis de Groenlandia»), pasando por la inyección de €800.000 millones para la remilitarización europea, hasta la creación de la Junta de la Paz (Board of Peace), un club de gobernanza internacional privatizado y exclusivo para quienes puedan costear 1.000 millones de dólares de admisión.

¿Cuál es el impacto directo en la estrategia sostenible? Los criterios ESG han perdido su barniz de relaciones públicas. Hoy representan el núcleo duro de la matriz de riesgos ante el colapso de las cadenas de suministro globales.


Las megatendencias que impactan a América Latina

1. «Blue Davos» y la crisis hídrica como riesgo soberano

El Foro declaró oficialmente a 2026 como el Año del Agua. Para Chile y el resto de América Latina —territorios que enfrentan megasequías estructurales— el diagnóstico es una llamada de emergencia operacional.

  • La dependencia: Más del 50% del PIB mundial depende directamente de la naturaleza y del ciclo hídrico.
  • El déficit: Se proyecta una asombrosa brecha de €6,5 billones en infraestructura hídrica global para 2040.
  • La vulnerabilidad: Para el año 2050, el 31% del PIB global estará expuesto a estrés hídrico severo.

Actualmente, el capital privado aporta apenas el 3% de la inversión hídrica global. La nueva directriz exige una migración urgente del capital corporativo hacia la innovación digital, la economía circular y la infraestructura resiliente al clima.

2. La IA no es software: es infraestructura física y energética

La Inteligencia Artificial dejó de ser una abstracción alojada en la nube. En Davos 2026, se reconoció sin tapujos como el mayor proyecto de infraestructura de la historia humana.

Líderes de la industria conceptualizaron la IA como un modelo de cinco capas que devora recursos físicos. Alianzas colosales de $500.000 millones (como el Proyecto Stargate) demuestran que el verdadero cuello de botella de la digitalización es la generación de energía. Para los gerentes de sostenibilidad, el reto es paradójico: deben integrar sistemas de IA para optimizar la descarbonización industrial, asegurando al mismo tiempo que el voraz consumo energético de los centros de datos no quiebre los compromisos climáticos corporativos.

3. Finanzas climáticas: el poder de la demanda garantizada

Ante la ineficacia y lentitud de los tratados interestatales, el sector privado ha asumido el liderazgo climático a través de mecanismos transaccionales y de mercado duro:

  • First Movers Coalition (FMC): Más de 100 megacorporaciones han asegurado $19.000 millones en compras garantizadas de tecnologías limpias (como acero verde y combustibles sostenibles) para 2030. Un hito regional clave fue el ingreso formal de Brasil y gigantes manufactureros sudamericanos, posicionando a la región en la vanguardia de la descarbonización.
  • Forest Future Alliance (FFA): El greenwashing de «plantar árboles» ha caducado. Esta alianza financia la custodia de los bosques tratándolos como ecosistemas vivos y complejos para mitigar el riesgo inminente de megaincendios, un dolor profundamente conocido y devastador en naciones como Chile.

4. La «traición distributiva» y la revolución del reentrenamiento

El pilar Social («S» de ESG) enfrenta su prueba de fuego. El Foro proyecta que la automatización alterará el 70% de las habilidades laborales para 2030. Organizaciones civiles alertaron sobre una inminente «traición distributiva», donde los dividendos de productividad de la IA se concentren en una oligarquía tecnológica, generando crecimiento económico sin empleo.

En respuesta, iniciativas como la Reskilling Revolution marcan la pauta ineludible: liderar la reconversión laboral tecnológica de los colaboradores es la métrica definitiva de equidad y sostenibilidad social para esta década.


🎙️ La Brújula Moral: El llamado desde Pacto Global Chile

Para anclar esta descarnada reconfiguración macroeconómica en el propósito ético fundamental del desarrollo sostenible, en Tiempos Sustentables consideramos imperativo elevar la voz de los líderes institucionales.

Margarita Ducci Directora Ejecutiva, Pacto Global Chile

A continuación, reproducimos de forma íntegra la poderosa reflexión de Margarita Ducci, Directora Ejecutiva de Pacto Global Chile (ONU). Un texto que nos recuerda que, en medio de la fragmentación geopolítica, el compromiso con la vida humana y el entorno sigue siendo insustituible.

Davos: el compromiso del futuro del agua

Por Margarita Ducci, Directora Ejecutiva Pacto Global Chile, ONU

Cada enero, Davos vuelve a aparecer en las noticias como un símbolo: para algunos, el lugar donde se reúnen las élites a diagnosticar los problemas del mundo; para otros, un espacio incómodo pero necesario, donde se ensayan consensos globales en medio de un planeta cada vez más fragmentado. Este año, sin embargo, Davos dejó algo más que declaraciones. Y eso importa.

No puedo evitar mirar la 56ª Reunión Anual del World Economic Forum con una mezcla de esperanza y memoria. En 1999, en ese mismo escenario, nació el Pacto Global de Naciones Unidas. Fue un momento bisagra: empresas, gobiernos y sociedad civil aceptaron -al menos en el papel-, que el crecimiento económico no podía seguir separado de los derechos de las personas, el trabajo decente, el medio ambiente y la lucha contra la corrupción. Hace 25 años, hablar de sostenibilidad era casi contracultural. Hoy es ineludible.

Que Davos haya declarado 2026 como el Año del Agua, o Blue Davos, no es un gesto menor. El agua es la prueba más concreta de que la crisis ambiental dejó de ser una abstracción. Dos mil doscientos millones de personas sin acceso a agua potable segura no son una estadística: son vidas condicionadas, enfermedades evitables, oportunidades perdidas. Que casi la mitad de la población mundial viva bajo estrés hídrico severo al menos un mes al año debería sacudirnos más de lo que lo hace.

El Foro fue claro al poner cifras al problema: más del 50% del PIB mundial depende de la naturaleza y de servicios ecosistémicos como el agua. Cuando se rompe el ciclo hídrico, no solo se degrada el medio ambiente; se erosiona la economía, la estabilidad social y la confianza. Sin embargo, durante décadas tratamos al agua como si fuera infinita, barata y ajena a cualquier lógica de gobernanza. Por eso resulta relevante que iniciativas como el Water Resilience Challenge busquen soluciones concretas en infraestructura, agricultura y ciudades. No es filantropía: es resiliencia. Es entender que el futuro no se juega solo en reducir emisiones, sino en adaptarnos, proteger lo que sostiene la vida y anticiparnos a shocks que ya están ocurriendo.

El Global Risks Report 2026 lo dice sin rodeos: vivimos en un mundo donde la incertidumbre es la norma, donde la confrontación reemplaza a la cooperación y la confianza, esa moneda invisible pero esencial, se devalúa. En ese contexto, los criterios ESG ya no alcanzan si se reducen a checklists o reportes de cumplimiento. Necesitan alma, propósito y una mirada sistémica que incorpore capital natural, social y humano. Me resonaron especialmente las advertencias de Christine Lagarde y Kristalina Georgieva: sin enfrentar las desigualdades económicas, sociales y tecnológicas, la innovación y el crecimiento sostenible no llegarán a quienes más lo necesitan. Esa frase podría haber sido pronunciada hace 25 años, cuando Pacto Global se gestaba como una promesa de responsabilidad compartida. El desafío es que no siga siendo solo una promesa.

Davos 2026 parece haber entendido algo esencial; no hay crecimiento posible en un planeta sediento, ni estabilidad en sociedades que sienten que siempre pagan los mismos el costo de las crisis. Volver al espíritu de Pacto Global, ese acuerdo ético entre lo público y lo privado, es quizás el acto más radical que Davos puede hacer hoy. Porque el agua, como la confianza, no se ve hasta que falta. Y cuando falta, ya es demasiado tarde para discursos vacíos.


Conclusión Editorial

El rol del profesional de sostenibilidad en América Latina ha madurado a la fuerza. Tu misión post-Davos 2026 ya no se limita a reportar emisiones de carbono; se trata de auditar vulnerabilidades geopolíticas, asegurar el acceso hídrico para la continuidad del negocio y preparar a tu capital humano para el embate de la automatización. Hoy, la resiliencia no es una opción de marketing corporativo, es la única estrategia válida para garantizar el futuro.


Deja un comentario