Columna de opinión: El desierto florido se cuida incluso cuando no florece

El desierto florido se cuida incluso cuando no florece

Cuando termina la floración en Atacama, baja el número de visitantes y el paisaje recupera su aspecto habitual. Bajo el suelo quedan las semillas y los bulbos que harán posible la próxima floración. Es en esos meses y años, cuando el fenómeno pierde visibilidad, que se juega buena parte de su futuro. Por eso, la aspiración regional de avanzar hacia un eventual reconocimiento ante la Unesco debiera traducirse desde ya en un compromiso de conservación durante todo el año.
Las lluvias permiten que germinen semillas y broten plantas como las añañucas y los huilles. El fenómeno reúne alrededor de 200 especies vegetales, muchas de ellas endémicas. Cada floración alimenta a insectos y otros animales nativos, favorece la polinización y contribuye a renovar el banco de semillas. El tránsito de vehículos fuera de los caminos, el pisoteo y la extracción de plantas pueden comprometer ese ciclo. Una huella sobre un terreno que parece vacío puede afectar lo que florecerá allí en los próximos años.
En localidades como Freirina, Huasco, Vallenar y Copiapó, la floración abre oportunidades para guías, alojamientos, restaurantes, transportistas y artesanos. Para que esos ingresos ayuden a sostener la conservación, las comunidades deben participar en las decisiones sobre cómo y dónde recibir visitantes. Definir senderos, ordenar el acceso vehicular y ajustar las visitas a la fragilidad de cada sector son medidas concretas que pueden prepararse antes de la próxima temporada.
También hay una oportunidad científica. Las investigaciones del Instituto Forestal sobre germinación y propagación de estas especies pueden orientar, con el tiempo, la recuperación de terrenos intervenidos en zonas áridas. Su aplicación exige evaluar qué especies corresponden a cada lugar y si existen condiciones para que se establezcan. Ese conocimiento se construye con seguimiento entre floraciones, cuando también es posible estudiar cómo estas plantas sobreviven a largos períodos de aridez.
Una eventual candidatura ante la Unesco requerirá demostrar la relevancia mundial del desierto florido. Atacama puede avanzar desde ahora con monitoreo permanente, fiscalización y acuerdos locales para ordenar las visitas. La próxima floración dependerá en parte de la lluvia. El cuidado del suelo donde ocurrirá depende de las decisiones que tomemos hoy.
Aira Faúndez
Botánica Principal
Formation Environmental

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