Del residuo al recurso: el cambio de mirada que necesita Chile. 

Chile necesita dejar de mirar los materiales por lo que fueron y comenzar a valorarlos por lo que pueden volver a ser.

Durante décadas aprendimos a llamar «residuo» a todo aquello que dejaba de cumplir la función para la cual fue creado. Un envase vacío, una lata, una caja de cartón o un aparato eléctrico en desuso pasaban automáticamente a ser algo que debía eliminarse. Sin embargo, la economía circular nos invita a cambiar esa mirada. Muchos de esos materiales no han perdido su valor; simplemente terminaron su primer ciclo de uso. El acero, el aluminio, el aceite domiciliario, el vidrio, el papel, el cartón, los aceites, el caucho de los neumáticos, los metales dentro de los aparatos eléctricos, electrónicos y baterías, y gran parte de los plásticos siguen siendo materias primas que pueden reincorporarse a nuevos procesos productivos y/o transformarse nuevamente en productos, envases, infraestructura o bienes de uso cotidiano.

Puede parecer un cambio de palabras, pero en realidad es un cambio de paradigma.

La forma en que hablamos de los materiales también influye en cómo los valoramos. Si los vemos únicamente como residuos, nuestra prioridad será deshacernos de ellos. Si los entendemos como recursos, comenzamos a reconocer el enorme valor económico, ambiental e industrial que aún contienen.

Con esa convicción, desde la Asociación Nacional de la Industria del Reciclaje (ANIR) impulsamos la campaña «Del Residuo al Recurso», una iniciativa que busca instalar una conversación distinta sobre la economía circular y el verdadero aporte que realiza nuestra industria. Para ello tomamos como referencia el Language & Communications Playbook desarrollado por la Recycled Materials Association (ReMA), anteriormente ISRI, documento que invita a una actualización del lenguaje para reflejar de mejor manera el rol estratégico que cumplen los materiales reciclados dentro de la economía.

No se trata de un ejercicio semántico. Se trata de reconocer que esos materiales conservan valor y que pueden seguir aportando al desarrollo del país si somos capaces de mantenerlos en circulación.

Cuando hablamos de reciclaje solemos pensar en la recolección. Sin embargo, el principal aporte de nuestra industria ocurre después.

Los materiales recuperados vuelven a convertirse en materias primas que abastecen nuevas cadenas productivas. Es ahí donde el reciclaje deja de ser únicamente una solución ambiental y se transforma también en una actividad estratégica para la economía, reduciendo la extracción de recursos naturales, fortaleciendo el abastecimiento de materias primas e impulsando una producción más eficiente.

En ese camino, Chile ha dado un paso fundamental con la implementación de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (Ley REP), probablemente uno de los avances ambientales más relevantes de las últimas décadas.

Esta normativa instaló un nuevo modelo de responsabilidad compartida y se espera que pueda generar las condiciones para fortalecer la recuperación y valorización de materiales, impulsando inversiones, nuevas capacidades y una mayor articulación entre productores, municipios, recicladores de base, gestores y valorizadores.

Pero la economía circular no se construye únicamente con regulación.

Necesita empresas que inviertan, industrias capaces de transformar materiales, ciudadanos comprometidos con una correcta separación en origen y mercados que demanden contenido reciclado. La experiencia internacional demuestra que recuperar materiales es solo una parte del desafío; el verdadero éxito está en lograr que vuelvan a utilizarse como insumos para nuevos procesos productivos.

Chile aún enfrenta importantes desafíos para avanzar en esa dirección. Es necesario seguir fortaleciendo la infraestructura de valorización, agilizar la entrega de permisos, mejorar la trazabilidad, enfrentar la informalidad y generar incentivos que promuevan el uso de materiales reciclados. Al mismo tiempo, debemos analizar una realidad que se vuelve cada vez más evidente: numerosos rellenos sanitarios y sitios de disposición final se encuentran próximos a cumplir su vida útil. Recuperar materiales antes de que lleguen a esos destinos dejó hace tiempo de ser solo una aspiración ambiental; hoy constituye una necesidad estratégica para el país.

También debemos generar señales claras desde la demanda. Las compras públicas, por ejemplo, pueden transformarse en un motor para incorporar materiales reciclados en obras, infraestructura y bienes de uso cotidiano. Cuando el mercado reconoce el valor de estos materiales, toda la cadena de la economía circular se fortalece.

Chile cuenta con empresas que han invertido en innovación, gestores especializados, recicladores de base cada vez más profesionalizados y una industria que ha demostrado estar preparada para asumir este desafío. Hoy necesitamos consolidar esa articulación y seguir promoviendo una cultura que entienda que los materiales no terminan su historia cuando dejan de cumplir su primera función.

La economía circular no comienza cuando un material ingresa a una planta de reciclaje.

Comienza mucho antes, cuando somos capaces de reconocer que aquello que durante años llamamos «residuo» sigue siendo un recurso para la industria, para la innovación y para el desarrollo sostenible.

Ese cambio de mirada es, probablemente, el desafío más importante que tenemos por delante. Porque solo cuando aprendamos a valorar los materiales por todo lo que aún pueden llegar a ser, habremos dado el paso decisivo hacia una economía verdaderamente circular.

Antonia Biggs Fuenzalida

Antonia Biggs Fuenzalida

Gerenta General ANIR


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