Semana Mundial del Agua: el valor estratégico del reúso

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Entre el 18 y el 23 de agosto, la Semana Mundial del Agua vuelve a poner en el centro del debate internacional uno de los principales desafíos para el desarrollo: cómo asegurar agua en un escenario marcado por el cambio climático, la creciente demanda y una mayor presión sobre las fuentes tradicionales. Para Chile, esta discusión representa una oportunidad para avanzar hacia un nuevo paradigma: dejar de gestionar el agua utilizada como un residuo y comenzar a considerarla un recurso estratégico.

Durante décadas, gran parte de las aguas residuales tratadas ha sido entendida principalmente desde una lógica sanitaria y ambiental: tratar los efluentes para reducir sus impactos y luego disponerlos. Sin embargo, en un país sometido a sequías prolongadas y una alta variabilidad climática, esa aproximación resulta cada vez más insuficiente. Cada volumen de agua que puede regenerarse y reutilizarse representa una oportunidad para aumentar la disponibilidad hídrica y disminuir la presión sobre ríos, embalses y acuíferos.

La reutilización puede transformarse así en uno de los pilares de una matriz hídrica más diversificada y resiliente. Bajo esta perspectiva, las plantas de regeneración dejan de ser únicamente infraestructura sanitaria para convertirse también en infraestructura estratégica, capaz de producir una fuente predecible y segura para distintos usos. Se trata de avanzar desde un modelo lineal —captar, utilizar, tratar y desechar— hacia uno circular, en el que el agua pueda incorporarse nuevamente al sistema productivo, urbano o ambiental cuando las condiciones técnicas y sanitarias lo permitan.

Este cambio tendría efectos transversales. En la agricultura, el agua regenerada puede aportar caudales más estables para riego y disminuir la exposición de la producción a la variabilidad de las precipitaciones. Para la minería y la industria, representa una fuente alternativa que puede contribuir a reducir la presión sobre las aguas continentales y entregar mayor certeza operacional. En las ciudades, puede utilizarse, según el nivel de tratamiento requerido, para áreas verdes y otros usos urbanos, e incluso formar parte de estrategias de recarga gestionada de acuíferos bajo estándares adecuados.

La economía circular del agua también abre la posibilidad de avanzar hacia estrategias Water Positive, en las que empresas, territorios y proyectos no solo reduzcan su consumo, sino que contribuyan a recuperar, regenerar y devolver agua a las cuencas donde operan. La seguridad hídrica deja entonces de depender exclusivamente de encontrar nuevas fuentes y comienza también a construirse a partir del agua que ya tenemos.

La Semana Mundial del Agua ofrece una vitrina para instalar esta discusión en Chile y acelerar las condiciones regulatorias, institucionales y de inversión necesarias para ampliar el reúso. El desafío es dejar atrás la idea del agua utilizada como un desecho y reconocerla como un activo de resiliencia. En un país con estrés hídrico, el agua del futuro no necesariamente tendrá que provenir de una nueva fuente: una parte importante puede estar circulando hoy por nuestros propios sistemas sanitarios, urbanos y productivos.

Felipe Martin Cuadrado

Director Ejecutivo

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